En la cúspide misma de mi juventud me hallaba.
Era salvaje, desmesurado y atractivo.
Sin piedad – con furia – te amaba
y me sorprende que quedara vivo.
Era joven, inverosímil y ostentoso.
¡Cómo caía sobre tu voz tibia!
Soy culpable, de tu recuerdo angustioso
exijo piedad, no justicia.
No dejo de soñar con ese caos que brillaba…
Sin darme cuenta feliz había sido.
Sin piedad – con furia – te amaba.
Y siento haber sobrevivido.
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