jueves, 29 de julio de 2010

ALFRED DE MUSSET

La luna, envuelta en vaporosa nube,

triste asoma en remota lontananza;

mas pronto al cielo despejado sube,

y a su puro fulgor serena lanza.



A su luz, en el suelo humedecido,

brota el aroma que perfuma el viento;

así, dulce también, mi amor perdido

surgir del corazón otra vez siento.



Pasaron las congojas de mi vida;

pasó cuanto turbaba mi reposo;

y hoy, en tu seno, soledad querida,

niño de nuevo soy, y soy dischoso.



¡Condición de vivir afortunada!

Llévase el tiempo lágrimas y angustias;

mas de la muerta juventud se apiada,

y no quiere arrancar su flores mustias.



¡Bendígote, virtud consoladora!

Nunca pensé que tanto me doliera

la horrible herida al recibirla, y ahora

la cicatriz tan deliciosa fuera.



Lejos de mi, las que a fingir no acierto

fúnebres frases de vulgar sentido,

luto insulso, que dan a un amor muerto

los que nunca han amada ni han sufrido.

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